Colombia, un país de montañas como los demás países andinos en los cuales se han implementado programas similares de fumigación, constituye el yacimiento de la cuenca del Amazonas, una zona que incluye también partes de Ecuador, Perú, Bolivia, Venezuela, Guyana y Brasil. Este bosque es uno de los pulmones vitales del planeta Tierra (el otro pulmón es Siberia, una zona que también está siendo sometida a una terrible destrucción), y es también uno de los más ricos y variados eco-sistemas del mundo. Un sistema delicado y frágil a pesar de su aparente fortaleza. Así como el mero corte de árboles para construir una autopista afecta la vida de ese eco-ambiente de una forma no vista, la fumigación de químicos para destruir el follaje también tendrá consecuencias que no son

muy difíciles de imaginar y que afectará el ciclo completo de vida alrededor de los gigantescos árboles del Amazonas.

Atacar los árboles significa atacar la tierra, los insectos, las aves y todas las formas de vida que viven de ellos, así como en cualquier otra parte del mundo, pero incluso a una escala mayor. Sabemos como empiezan estos procesos, pero sólo podemos aventurarnos a imaginar cómo terminan. Muchos gobiernos alrededor del mundo tienen poca consideracón, si es que la tienen, por el medio ambiente. La destrucción en proceso apenas nos está alcanzando a todos y se pagará un precio muy alto por ideas fallidas tales como la de fumigar con defoliantes sobre los campos de coca en Colombia.