Mientras se ha comprobado que la fumigación con defoliantes en los campos de coca no tiene otro impacto más que estimular la producción en otras áreas, los pesticidas que contiene (la versión comercial del “Round Up” de la Corporación Monsanto) destruyen los cultivos legales, envenenan las fuentes de agua, contaminan a los habitantes de la región y afectan el frágil eco-sistema del Amazonas de una manera que apenas empezamos a comprender. Estas fumigaciones son adelantadas en Colombia por “Dyncorp”, contratista del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, una supuesta compañía privada que reporta al gobierno como cualquier otro brazo del ejército pero sin ningún tipo de control por parte del congreso estadounidense. A pesar de que esta política ha sido probada inútil y contra-productiva,

representa de todas maneras una ganancia significativa para Monsanto y Dyncorp, ésta última corporación con muchísimos nexos con los militares y el establecimiento en el poder. La posición oficial del Departamento de Estado de los EE.UU. es que la defoliación es segura, aunque la misma posición también fue tomada por el Pentágono cuando el “agente naranja” era fumigado en Vietnam. En 1991, las fuerzas armadas estadounidenses reconocieron la toxicidad del agente naranja y empezaron a dar una indemnización a los ciudadanos norteamericanos Veteranos de Vietnam, (anque no a la población local) que habían sido expuestos a las fumigaciones. Estudios independientes ya han señalado el impacto a largo plazo de estos químicos sobre la salud y el medio ambiente.